IRON MAIDEN
FEBRERO 28
BOGOTA - COLOMBIA


* LAS FOTOGRAFIAS UTILIZADAS EN EL REPORTAJE SON ALEATORIAS Y NO NECESARIAMENTE RELACIONAS AL RELATO DEL AUTOR.

La noche en que todo cambiaría.
Por: Pablo Andres Baron

El colombiano se caracteriza por ser apasionado, de odios y amores, no conoce aguas tibias ni términos medios. Eso se vio reflejado en la gloriosa noche del 28 de febrero de 2008 en las instalaciones del Parque Simón Bolívar de Bogotá, pero esta vez todo el extremismo fue para bien, salvo algunas conocidas excepciones.

Seis meses atrás ya se había producido la primera estampida humana en busca de las preciadas y económicas boletas platino que muy pocos afortunados pudimos adquirir esa misma media noche. De ahí en adelante vendría una larga espera que estaría llena de sueños, expectativas y sensaciones de incredulidad que apenas se podían soportar.

Bombay fue el primer avistamiento con esa realidad, y muchos ya conocerían el setlist, otros prefirieron la sorpresa, la verdad no se si tuvieron la suficiente templanza para no auto-desvelárselo. Personalmente me propuse no conocer el repertorio sino esperar hasta el gran día. Desafortunadamente no habían llegado a Australia y las ansias me ganaron la partida. Ya conocía las 17 canciones y para ser honesto, en ese momento sentí que hicieron falta muchas canciones como Flight of the Icarus, Phantom of the Opera, Running Free, The Evil thet Men Do. Otras con las que soñaba aunque tenían menos opción de ser tocadas como Charlotte the Harlot, 22 Acacia Avenue, Caught Somewhere in Time, Children of the Damned, Seventh Son, y la escénicamente inédita Alexander the Great. A la vez me sorprendió la presencia de Fear of the Dark y la ausencia total del álbum Killers, sin embargo era un excelente repertorio.

Lo demás sería paciencia. Larga espera. O ¿corta? Ya había esperado 22 años. Por que no esperar un mes? una semana? un día? (el mas largo de mi vida).

Finalmente llegó el 28 de febrero, lleno de duras etapas, filtros, filas que no se movían, minutos que parecían suceder bajo el agua, cambios abruptos de temperatura, inclemencias temporales y todo lo que hemos oído y leído en los diferentes testimonios de quienes cinco o seis días antes decidieron iniciar una estoica espera por los británicos.

Después de varios amagues y falsos imaginarios, llegó la gran noticia del día. Las puertas serían abiertas antes de lo previsto. Aunque solo fuera uno hora de diferencia, para nosotros era una eternidad y la sensación fue como si nos hubieran premiado. Las filas empezaron a moverse. No supe si lenta o rápidamente. En el momento menos pensado ya estaba frente a ese legendario escenario. A unos 15 metros. La marea humana se movía uniformemente. La gente se sentaba y todos nos alejábamos cada vez mas del escenario. Luego se paraban y recuperábamos la distancia perdida. Esta dinámica duró una hora antes de que decidiera salirme del tumulto y ubicarme en el costado izquierdo donde era mas apacible la espera. Después lo que le faltaba a la espera para llenarla de romanticismo. La lluvia. El granizo. El frío. Fui hasta el límite de las dos localidades para ver la atmósfera que había en preferencial. Vi de todo. Caras descompuestas por la espera, el hambre y el frío. Miradas perdidas pero esperanzadas. Incluso llegué a ver a alguien tratando de meditar y que con los ojos cerrados e invocando a su dios trataba de que le diera fuerzas de donde no las había.
Cinco niñas casi desmayadas que sacaron los paramédicos por peligro de asfixia y aplastamiento. Hordas de gente empujando la barrera de separación que sutilmente cedía como si fuera de plástico mientras la seguridad parecía rogar en silencio para que el muro no cediera. Bolsas llenas de materia desconocida que volaban hacia platino. Preferí no averiguar su contenido. En fin. Volvamos a la esencia.

Algunos sectores ya empezaban a corear “Maiden, Maiden” no con la fuerza que se esperaba y era comprensible. Las reservas de energía eran limitadas.

Finalmente salió Introspección a escena. Con un recibimiento mas compasivo que eufórico tuvieron una presentación deslucida por el sonido, el escaso tiempo que muchos celebraron y el desespero del público por el momento de la verdad. Eso si, se consagraron con su papel de teloneros. Nunca lo olvidarán.

Todavía faltaba Lauren Harris. Acompañada de un excelente guitarrista y un escenario completamente sobrio. Una adolescente que no se dejó intimidar, hizo lo suyo y hasta habló en español. Contaba además con el respaldo del Maestro, su padre. Ella hizo la espera menos tortuosa y nos dio tiempo para tomar un último aliento para estar concientes de lo que venía. IRON MAIDEN.

Lo inolvidable

El video: Con apartes de la gira y Transilvana acompañando las imágenes.

El intro: El mítico discurso de Churchill con los Spitfires de fondo que generó una tensión abrumadora y que es el preámbulo de Aces High.

El repertorio: Un casi completo paseo por los álbumes elaborados en la década de los 80 que se quedará en la memoria de 50.000 fanáticos.

El escenario: Una mole gigantesca adornada por enormes telones alusivos a cada canción que interpretaban.

El estado físico de Maiden: 2.600 mts no son fáciles de sobrellevar y menos a los 50 años. Sin embargo no fueron obstáculo para que Dickinson corriera por todo el escenario, McBrain ejecutara su oficio como un verdadero atleta, Harris visitara cada esquina disparando ráfagas y cantando cada sílaba de las canciones y los guitarristas movieran sus dedos con gran velocidad a pesar del frío.

La respuesta del público: Impresionante. Todas las letras fueron cantadas y la reciprocidad de energía con el grupo fue indescriptible. Dickinson lo notó y lo agradeció.

La caida: Muy pocos nos dimos cuenta de la caída accidental de Dave Murray durante la canción Iron Maiden mientras actuaba frente a Eddie Cyborg. Como un profesional se paró y siguió como si nada.

La bandera: 30mts por 6mts con los colores patrios y un mensaje claro: IRON MAIDEN Welcome to Colombia. “You´re history”.

El sonido del bajo: Instrumento esencial de Maiden. Basta recordar el inicio del tercer tercio de The Rime o el intro de Clairvoyant. Inmortales.

Los solos de Smith y Murray: No hay duda que ellos encarnan el Maiden de los 80 con la gran diferencia que ahora estan tocando muchísimo mejor; Smith con su feeling y precisión y Murray con su improvisación y velocidad nos hicieron viajar al pasado en Long Beach Arena en 1985.

Lo demás lo sabe cada uno de los que estuvimos esa noche frente a esa monumental banda. Ahora la nostalgia. Y creerle a Dickinson que algún día volverán.